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Fracción del último paro de transportes

Inicia el día en la carretera central, Gloria Grande se ha postergado a un espectáculo de maquinaria pesada, vívida como la luz de este verano, donde los potentes y macilentos conductores bajan y rebajan las vías a piedras y empujonazos, el este arde; el estado muestra su ausencia como de costumbre, somos la podredumbre del país.

Y es que la lucha no se esparce como una obertura diaria, es un placer crearla con una potente voz revolucionaria, pero seamos sinceros, acá solo hay un interés prioritario, reivindicativo: reducir el costo de la gasolina. Pasando de diarios que solo llamaban a aplastarlos, una televisión que fiel a sus patrones levanta la garganta para convocar a la represión. Pero nuestras caras ahora están pintadas de hollín, con risotadas de llantas quemadas y avasallando a los que se muestran insensibles a un paro; todo nos llama a seguir recogiendo piedras, lanzando gritos, entre tumbos de nuestras cabezas, las laderas están cerradas, el oxígeno corre y exige ser transportado.

Nuestros días de sol revelan la incapacidad de un gobierno que pueda proteger a su pueblo, a cambio de eso, lo hostiga, miente con caratulas de muerte donde “venimos estorbando” la libre vía – siempre hablan de libertad, quizás la suya - , pero no entienden (¡y no pueden entender!) que nuestras acciones se demuestran por el hecho de los gastos desorbitados que involucran al petróleo y el peaje, fruto de unas concesiones miserables que solo  saben elevar nuestros costos por ruta.

Entonces es cuando la voz ronca de tanto trabajo tiene que empezar a desinflar llantas en medio del seco sol de Lima, esperando la respuesta de negociaciones que casi siempre son una cachetada al bolsillo y a la dignidad, pues nos prometen reducir medio sol por galón, y se ven atados de manos por los grandes para poder limitar el coste de los peajes.

Demuestran las horas que esta es una guerra de desgaste, donde el vandalismo también cumple su papel, donde el desprestigio inicia señalándonos como delincuentes o traidores, nos llevan al golpe por golpe con nuestros mismos compañeros – contraponer masa contra masa dice el principio burgués.

Y los intereses no conmueven, no se promueven, se promulgan entre gases que nos avientas, entre balas que rebotas en nuestra piel, y el llamado a concretizar nuestros pedidos recibe un barrido de patadas verdes siempre custodiándote el trasero, un breve análisis de política solo muestra tus ganas e interés por  garantizar si o si las próximas elecciones, la correlación política terminara por hincar a las cabezas – pues qué más da, son grandes transportistas- y la lucha del que está de pie hasta el amanecer, peleando por un solo viaje, la amenaza del paro es su única arma, como salida de este pozo sin fondo llamado Perú, donde nunca se sabe decir basta.




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