Las primeras impresiones de esta película tan distópica
se muestran como el relato de una vida (casi)
normalizada en la actualidad, el hecho de retratar un cofre lunar – con una
obvia referencia a la guerra fría- nos señala un abismo casi infernal entre la
vida real y la ficticia que cada uno lleva; actualmente podemos abrir la
analogía a través de nuestros celulares, pero sabemos que es más que eso, es el
trabajo, una vida virtual tan ficticia pero a la vez tan nuestra que termina
decantándose en un psicología de hastió rutinario, ¿es la rutina el problema
central de Truman? Profundicemos.
El primer aspecto a vislumbrar en The Truman Show es la escena donde la televisión sugiere lo que se
debe consumir*, no hablando sobre alimentos, sino y sobre todo bajo la forma de
pensar que seguirá en las subsiguientes secuencias, pero esto es vendido a
personas que están pendientes a la vida de nuestro personaje; vemos que la posibilidad
de libertad fuera de la esfera lunar, es casi la misma, pues el entramaje
explica que el autor no solo domina a su personaje, sino que también produce
ese efecto dominó en los televidentes, sugiere, busca sensaciones hasta hacer
de Truman un personaje familiarizado, al que nadie puede obviar por esa
capacidad de mantenerse in live.
Cabe preguntarse, ¿esas vidas mostradas in live a través del instagram, fb,
tiktok o wsp son acaso explicaciones de los Truman’s contemporáneos?, somos
consumidores asiduos de aquellas historias, anécdotas o formas de explicar
algún problema, pero también a partir de un monitoreo asiduo de los logaritmos,
también somos unos micro-Truman que promocionan – poleras, marcas- y que consumen
ese estilo de vida tan difundido, es el imperialismo que nos escucha a través
del nuevo Big father al que amamos, con el que dormimos.
La familia y círculos sociales de manera plástica son un
referente, en una de las tramas finales, cuando nuestro amigo parece volver a
tocar la misma nota del autor, este último introduce el recurso de nuevo romance, explicando un doble
entramado:
1. Que hay una formula televisiva tradicional (Se puede revisar el paradigma de Field).
2. El patrón del amor agotado en su fórmula de consumo, la nueva fórmula de amor es la libertad, algo que carcome las sensaciones del personaje y la de nosotros al estar inevitablemente imposibilitado en el sistema actual.
Por último: el conflicto con Dios, el autor es Dios**, el
creador de su mundo que permite a través de diversas dificultades brindarle la
sensación de libertad, esa libertad que nos puede llevar a lo desconocido, a
esa insatisfacción que nos produce el ser un producto, herramienta o artículo, este
tiene una gran relación con el concepto de enajenación, todas las sensaciones
actuales del sujeto nos decía Hannibal Lecter tienen un inicio en el DESEO en
el Silencio de los inocentes, casi parafraseando a Spinoza que sustenta que
esta es su esencia misma, Truman transgrede las formas de vida por el deseo de
libertad, lo que conlleva a una falsa irrupción de su padre, el deseo de saber
no es suficiente, es inevitable buscar ejercer esa libertad, y Dios-autor
no está capacitado para brindarnos eso, mucho menos su creación, y aquí
podemos encontrar algo nuevo: si este mundo fuera creado, ¿esa creación
generaría satisfacción en nosotros?, o acaso ¿el hombre busca crear para sentir
esa satisfacción?.
No vamos a extendernos
más en este análisis pero al pretender incorporar el concepto de enajenación,
tenemos que entender que incluso la cultura, el pensamiento y el modo de vida
que una persona pueda tener - en este caso Burbank no es más que ese sujeto
nuevo del capitalismo, uno que desconfía de la realidad***, donde la
despersonalización es un fenómeno común, y la angustia por no saber hacia dónde
vamos, ni porque lo hacemos es el denominador de nuestros actos- todo está bajo
control.



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